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La Cumparsita trágica |
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" Ensayo sobre el Tango y el Pesimismo " Autora: Diana Braceras |
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Premio Edenor de de la 27ª Feria Internacional del Libro. |
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Rivalidad entre Dos Cumparsitas
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2 - Introducción
La Cumparsita, el paradigmático tango que identifica en el mundo a nuestro remoto país, con la monolítica solidez del Obelisco y la magia fascinante del baile futbolístico de Maradona. No nació tango ni argentino, ni lo escribió su autor, cuya letra es particularmente ignorada, adjudicándole en cambio los versos de otro título: "Si supieras...".Hay una diferencia sustancial en la temática de ambas versiones: La Cumparsita de Pascual Contursi y Enrique Maroni, desplaza hacia el reproche amoroso la densidad trágica con que el imberbe creador de su música, Gerardo Matos Rodríguez, transforma en voz doliente los increíbles acordes que, contra la norma inveterada del género, convoca al misterio de su mítica consagración.
¿Fue compuesta por el joven Matos Rodríguez para acompañar una pequeña comparsa de estudiantes por las calles calientes de un febrero montevideano? ¿La inspiró la batalla solidaria de los insolventes aspirantes a médicos, desalojados de su sede de la calle Ituzaingó? ¿Fue "La Cumparsita", la peña de los militantes de la "FEDE" (Federación de Estudiantes del Uruguay) la que le contagió el nombre al "tanguito" o acaso fue al vésre? En la letra del autor, extrañamente poco difundida, a pesar de la perseverante defensa legal que lo sobrevivió en beneficio de sus herederos, está presente desde el primer verso "la comparsa", sin el efecto de diminutivo ni de referencia a un real externo a la composición. La "comparsa" de "La Cumparsita" es una metáfora que condensa la idea de circularidad prolongada hasta el grotesco, de una dimensión de excesivo dramatismo: una tragedia. Sin la connotación carnavalesca, la comparsa de miseria sin fin, es una noria que yira... yira. Pero la trágica letra de Matos redobla en el título la referencia.
De la más espesa prosapia tanguera, la letra del filósofo alemán continuará cantando verdades disonantes al optimismo de la superficialidad:
La genialidad de los acordes wagnerianos se hicieron pensamiento creador junto al dolor, los cuerpos lacerados, heridos y agónicos, próximos a la muerte, en la cumparsa de miseria sin fin que desfila en torno al enfermero, Nietzsche, en el servicio de sanidad al que fuera destinado durante las vacaciones veraniegas en la estallo la guerra franco alemana (1870).
Explicará más tarde el autor, en Ecce-homo. La exploración del pensamiento trágico con que se desmenuza el drama antiguo y el moderno en el análisis nietzscheano, encuentra un abrochamiento que implica la estructura sintética de nuestro tango:
La línea interpretativa que acerca el tango a la tragedia griega, y específicamente a la estructura de La Cumparsita, tiene aún otra sorpresa sobre la contingencia de las peripecias sufridas entre la música y la letra del autor. 3 |
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3 - La Música que toca al Corazón Según Nietzsche:
El efecto esencial de La Cumparsita se sostiene, lo que hemos extraviado es su letra. La palabra llega por un rodeo conceptual al sentimiento y no pocas veces se pierde por el camino del chamuyo.
Desde la canción popular brotaron la poética y la música antiguos, el poeta era necesariamente el que componía música y letra. La reflexión filológica sobre la tragedia puntualiza características de la música, que por extensión llamaremos trágica, que tal vez expliquen algo del espíritu de nuestro tango y particularmente de La Cumparsita. En primer lugar, la hermandad entre la letra y la música en la composición, generalmente del mismo autor -Ángel Gregorio Villoldo; Carlos Viván; Enrique Santos Discépolo- o de parejas autorales con un grado de tan intensa ligazón, que a nuestro oído milonguero ya resuenan como apellidos compuestos de un autor único febrilmente productivo: Jiménez Aieta; Gardel Ylepera; Manzi Piana. La riqueza de los medios de expresión rítmica es una característica que excede los diversos planos de la ejecución de cada pieza musical, destacándose orquestalmente en este aspecto cierto exceso, especialmente en La Cumparsita:
Otra referencia pone en cuestión esta composición musical, por el lado de la carencia:
La presencia de un "vacío" sólo explicado por la inexperiencia del adolescente que la concibió, es señalada también en El libro del Tango:
que suele ser completado con cuatro acordes, más que por una compulsión a la forma, por la humana inclinación al relleno de los vacíos. De más o de menos, algo de la desmesura campanea las esquinas de La Cumparsita. La visibilidad de la estructura rítmico-musical por medio de la expresión externa del movimiento del baile, es parte del pentagrama virtual de un tangazo:
El propósito inicial del compositor respecto de la letra cantable de su tema musical, fue que el comediógrafo Víctor Soliño la versificara. Resulta verdaderamente improbable que Matos Rodríguez se hubiera inspirado en la conclusión del hacedor de Zaratustra que sostenía que
Este concepto estético no es superfluo, está fuertemente afincado en la hipótesis misma del origen, tanto de la tragedia como de la comedia antigua: las comparsas de carnaval. Polifónicas combinatorias del arte itinerante, recorrían colectivamente las calles invadiendo como epidemias danzantes y cantoras los escenarios populares de la Edad Media como, aún más remotamente, irrumpían los enormes cortejos dionisíacos en la Grecia trágica. Progresivamente, estas muestras complejas de la pluralidad y síntesis de las artes en las que belleza, audacia, interpretación, catarsis y mitos se enlazaban en un espectáculo único, fueron tomando escenarios íntimos acondicionados para el fin específico. La comparsa sobre tablas bien puede encarnar el cuadro lujurioso y patético del cabaret del siglo XIX, tal vez un "Moulin Rouge" en la calle Andes entre 18 y Colonia de la orilla uruguaya, haya albergado los destellos dionisíacos trocando el Mar Egeo por las márgenes del Plata. Quizá fue allí, en el cabaret que regenteaba su padre, donde Gerardo Hernán se conmovió por primera vez con los acordes de un tango allí, donde la lujuria era una flor. En la murga como en el tango, el cuerpo no es mero acompañante rítmico: con la danza, se ejecuta el ser mismo de los sonidos y silencios, como si sólo fuera el cuerpo el que captura la verdad entera del dolor y del éxtasis, encarnándolos en contorsiones que desbordan la estética habitual. Algo de la desmesura, de la transformación mágica, del ex-sistir por fuera de la vida ordinaria, aloja el nacimiento de la dramática como género, la enajenación y el hechizo danzan en la atmósfera del corso como en la milonga. Belleza sí, pero densa, mordaz, inquietante, casi agresiva, provoca en el límite, la angustia. No propicia el diálogo distendido; como el sufrimiento, es singular; como un cuerpo, único; como frente a los adioses: la humanidad propia se experimenta rara... como encendida y fatal. 4
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4 - La Letra Abandonada ... o lo triste de su Suerte La esencial verdad
que como en letanía repite el tango hasta no ser ya oída, lográndose
el propósito de sustraerla de la circulación del pensamiento
reflexivo y consecuente, está enraizada en la tragedia misma del ser
y la imposibilidad mortal de trascenderla. Tal vez éste sea un
motivo que fundamente la perdurabilidad y expansión mundial del
tango, uno de los últimos valiosos resquicios donde se aloja un
testimonio de la dimensión trágica de la vida: el dolor de existir.
A media luz de esta idea se dibuja un status definido para el
"olvido" de la letra de La Cumparsita de Matos Rodríguez y sus
equívocos: la sustitución de una letra por otra tiene la estructura
de una
formación del inconciente. La operación de represión es
la estrategia de defensa psíquica con la que el sujeto evita un
saber conectado con el trauma de la constitución humana: la
imposibilidad de inscripción de la propia muerte. El género que pone en escena este punto de real de la estructura de la subjetividad es la tragedia y a nivel del sujeto, su punto máximo de dificultad para elaborarlo, la melancolía. He aquí dos rasgos estructurales superficialmente reconocidos del tango: la tragedia y la melancolía. Pero lo superficial no necesariamente es lo superfluo, ambos rasgos afloran en la parodia del ánimo tanguero y aun se alude popularmente en alocuciones de otros países de habla castellana, como en México: "¡No me hagas el tango!"
La versión más conocida,
dentro de la llamativa confusión general que promueve la letra del
famoso tango, favorece el desplazamiento de la temática trágica que
propone Matos Rodríguez, al argumento light de la nostalgia
amorosa, donde un tipo inocente y a salvo de toda responsabilidad
desde el lugar de víctima, con lo peor que se encuentra es con el
olvido de su amada percanta, el fastidio de los gomías hartos de la
autocompasión del quía y el raje del pichicho hambriento de
compañías menos quejosas. No hay intérprete ni orquesta en el mundo
que incursione en el dos por cuatro, que no tenga en su reportorio
este tango. Superan largamente el millar las versiones grabadas de
La Cumparsita, pero con la emblemática música de Matos Rodríguez los
versos que se deslizan dolientes y quejumbrosos, son los de Maroli y
Contursi. ¿En qué consiste
el contenido intolerable de La Cumparsita de Matos Rodríguez? Aún
reconociéndosele legalmente la autoría, luego de 75 años de fama
mundialmente itinerante y de un indiscutible lugar de representante
célebre de nuestra identidad musical, no se canta, no se reconocen
sus versos y abona el desconcierto del aficionado que, recorriendo
los numerosos volúmenes de letras de tangos, corre el peligro de
entrar en cuadros confusionales al tener registradas, con suerte,
ambas versiones, con el mismo nombre, de distintos autores, con una
letra que nunca habrá escuchado y que en general ¡ni se sabe que
existe! No menos azaroso fue el encuentro de La Cumparsita con su inscripción en la pasta discográfica de la Víctor, cuando al arribo de una novísima máquina grabadora proveniente de Nueva York, es estrenada con la selección de veinte piezas musicales populares reunidas no sin dificultad, ya que otra compañía rival, la Odeón, sustentaba la exclusividad de los derechos de comercialización. Cuenta Alonso que, pese a incluir una polka, un one-step y un paso doble, contabilizaban diecinueve temas, y necesitaban el relleno de una composición corta para finiquitar la entrega instrumental... Para salir del trance, alguien propuso:
Pero por esos tiempos, abril de 1917, ni la letra de los unos ni del otro, existían. Como sabemos, no se reprimen los afectos sino las palabras, las notas de La Cumparsita llegaron al corazón antes de que fuera necesario condenar sus versos a la noche triste del olvido. La división que afecta el destino bifurcado de la letra y de la música de La Cumparsita plasma en lo real la operación psíquica que Freud describiera como responsable de encanutar los pensamientos imbancables. Con el falso enlace de la música de Matos Rodríguez y la letra de Maroli-Contursi, se torna en olvido lo angustiante: las ideas no se matan, no; se reprimen. 5 |
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5 - La Estructura trágica de "La Cumpersita"
Una tragedia no
es simplemente una desgracia de cierta envergadura, ya los
escritores medievales destacaban en este género literario el paso de
lo más alto a lo más bajo en la rueda de la fortuna. Es una
reflexión ampliada del dolor y del sufrimiento, agrega el Dr. David
Morris, en La Cultura del Dolor, apuntando a la imbricación
del dolor físico y el padecimiento psíquico en historias de
prologada aflicción, en las que el sujeto no encuentra salida. Hay un "trabajo"
de las penurias que horada el cuerpo, no se reduce a una metafísica
del sufrimiento, la tragedia se in-corpora, se hace herida,
lacera, sangra, necrosa...¿Infarta? La tragedia
tiene un sello común con la melancolía: la culpa, el detrimento
físico y la desesperanza. El héroe trágico no lucha contra la
muerte, se le entrega mansamente, la apura, "ansioso espera la
muerte", le
"sonríe", pretende con ella encontrar "una dulce paz",
coronar de dignidad su acto. La hace necesaria, reivindicativa,
valiosamente irrenunciable. La desea. No será Edipo quien esquive la ferocidad del castigo que sólo él, en tanto Rey pudiera anular. Subrogado de la muerte, el destierro no resulta suficiente, necesita privarse sangrientamente de los ojos. No será Antígona quien renuncie a la afixia del sepulcro ante la desesperación del propio verdugo. No hay compasión ni temor en el centro de la escena, hay una pasional voluntad de llegar a un fin irrevocable, un derrumbe fatal que en la carne, es el epílogo de una muerte en vida. El sujeto
que muestra la tragedia está desnudo de las coberturas morales del
destino. Es el hacedor de sus desgracias por su propia naturaleza,
preso del laberinto de errores que entreteje a fuerza de desconocer
esencialmente su propio ser, sus limitaciones, su precaria
comprensión del escenario en el que actúa, el carácter equívoco y
finito de todo lo humano. Ignorante de la falibilidad de sus cánones
y la cortedad de su alcance. Dominado por una apreciación errónea
respecto de sí mismo y de los otros, de su misión en el mundo, de su
capacidad y poder.
Se transforma,
entonces, en una verdadera pesquisa el encuentro de lugares de la
escena pública donde sobreviva algún remanente de la tragedia, que
no deja de existir encarnadamente real, porque no se la reconozca;
sino que se hace más insidiosa, masiva y soterrada, como la masa
ígnea de los volcanes que en las profundidades invisibles del
planeta concentra el infierno en sus entrañas. Así, Joyce Carroll
Oates, identifica el teatro trágico contemporáneo con el espectáculo
del boxeo, como el prototipo actual no convencional, donde aún son
reconocibles los elementos esenciales de la tragedia, puesta en
escena del pathos
griego, que devela la vulnerabilidad del cuerpo y su destino de
inevitable derrota.(15) La tragedia muestra descarnadamente las elecciones que terminan destruyendo al sujeto, sin quitarle por eso la responsabilidad ni el "libre albedrío" que supuestamente es razonable esperar de él, como si supiera... El cambalache contemporáneo propone, en cambio, hacerse el otario y suprimir la fullería intrínseca a nuestra alma de fantoche. Esta tendencia a ensartarse en la daga como un gil, aquello inasimilable y tentador que Freud ubicara más allá de toda búsqueda de placer: la pulsión de muerte. El tango no afloja, canta la justa sin concesión, incluso cuando la renuncia al reconocimiento de lo trágico involucra a su testigo histórico: la medicina.
Con la forma de la poesía, la novela o la historia clínica, la partida de defunción o el epitafio, la inscripción del fin hasta no hace mucho, como en el cine, eran letras necesarias. Los sistemas dominantes de pensamiento actuales son inherentemente antitrágicos:
En nuestras milongas, aún hoy, La Cumparsita tiene el indiscutido privilegio de anunciar el final. Por eso, la importancia de la elección de la pareja que acompañará esta última pieza. Un tácito lenguaje musical pone la rúbrica en el encuentro de los bailarines, cifrando en el silencio del rito la voz de los deseos y la certeza del fin. Desde el Tango, bien al Sur, le batimos al mundo que es sordo y es mudo, que existe un país del que ya no se vuelve... ni con el yuyo verde del perdón. 6
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6 - Chan - Chan La tragedia, tan preñada de cruel verdad como de belleza, de anticipación del cadáver, como de creación de lo sublime, convoca a un más allá de lo ordinario y anecdótico de la vida. No importa tanto como ejemplificación moral ni como doctrina ética. El valor de preservar un escenario de lo trágico, está en la supervivencia del misterio, la sustracción a la totalidad explicativa y coherente que pinta de rosa los ideales, escamoteando verdades. Escuchar algunos buenos tangos nos provoca antes que un juicio argumental, la capacidad de asir lo inenarrable.
La cumparsa de la vida, como
en los tangos...nunca tiene un final feliz.
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7 - Referencias (1)- Friedrich Nietzsche. "El drama
musical griego", en "Escritos preparatorios" de El nacimiento de
la tragedia, AlianzaEditorial,
Buenos Aires, 1998, p. 196. (17)- Hugo Lamas y Enrique Binda. El tango en la Sociedad porteña (1880-1920). Buenos Aires. Editor Héctor L.Lucci, 1998. (18)- David Morris. La cultura del dolor, Ed. Andrés Bello. Santiago de Chile, 1994. p. 293-294. (19)- Ibid. p. 294 8 - Bibliografía -
Alonso, Alberto. La Cumparsita. Historia del famoso tango y de su
autor. Editores Mosca Hnos. S.A. Montevideo, 1966.
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REFERENCIAS
Adaptacion, Recopilación y
Redacción
Team
ProTangoPeru / Lima Agosto 2006
Investigación :
Francois Dietlin
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