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Pro-Tango Peru presenta ...
El
Rito
del Tango
Noviembre 2008
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Cada Tango, ritualmente
ejecutado, es el primero,
y es todos los tangos del universo.
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Diana Braceras
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1 LITURGIA DE REPETICIÓN EN EL TANGO por Diana Braceras :: Resulta un lugar común asignarle al Tango un carácter ritual. Tal vez encontremos más verdad en este dicho, de lo que suponemos. A la manera de La carta robada de Edgar A. Poe, a veces, los refranes, las frases impuestas por el uso, las holofrases, que sueldan las palabras sin adueñarse de un sentido reconocible, repiten verdades que nadie escucha, en la duermevela de lo demasiado previsible, de la obviedad del discurso colectivo, que es de nadie. El rito, entendido como "liturgia de repetición", de por sí ofrece un amplio espectro de tratamiento, ya que estructura básicamente el MITO, fórmula discursiva de aquello que no puede transmitirse al definir la verdad del vacío estructural que bordea el saber humano. El rito implica una puesta en acto de cierta fantasmática, a través de operaciones lógicas de unión, separación, inclusión y exclusión con un objeto que ocupa el lugar de lo sagrado, por lo inaccesible, por lo irremediablemente perdido. Por lo fascinante y a la vez peligroso. El rito implica un saber hacer, siempre el mismo, en el borde de la incertidumbre o el caos. Para el caso: La relación entre los sexos, en el abrazo tanguero, es un lugar de encuentro ritualizado de una complementariedad imposible. :: Voy a referirme a una de las funciones del rito: el ordenamiento de las relaciones entre lo profano y lo sagrado (1). Tomando uno de los aspectos del género: la danza, ya que como afirma el musicólogo Ramón Pelinski: “El tango porteño es una práctica artística compleja que comprende baile, canto y música, además de una proliferación de discursos cuyo efecto es asegurarle al tango un lugar en la (sub)cultura popular” (2). Si bien el tango actualmente, se baila en diversos ámbitos y en variados estilos, no en todos los casos se le puede asignar el carácter ritual, que vamos a describir. De Milonga :: El ambiente físico, de una Milonga, cual templo del tango que congrega a sus fieles a la ceremonia, está investida de un halo intangible que consuma una amalgama de sonido enseñoriado, luces discretas y un marco de mesitas donde asientan sus expectativas bailables los participantes; también ellos discretamente sociables, sin la intención de una charla animada que distraiga del centro de atención de los acontecimientos: la pista de baile. Más bien, amigos del murmullo y el diálogo de las miradas, ellos entran al templo con zapatos de suela; ellas, con tacos con o sin brillo, pero cual inquietos pingos que prueban el terreno, seguirán el ritmo de la música, junto a las patas de su mesita hasta que un cabeceo halagador funcione de tiro de largada hacia la pista, copulando con los primeros compases, de lo que será la sucesión de las tres composiciones sabiamente elegidas por el musicalizador. :: En la pista, la ritualización del encuentro tanguero exige varios órdenes de repeticiones: . Tres composiciones rítmicas iguales: tango, milonga o vals. Sucesivas. . Una cortina musical que indica el término de la ‘tanda’ de tres piezas. . La Cumparsita. Tango que significa la coronación de la ceremonia y su final. :: La secuencia del rito tanguero implica : - Elección del compañero a través de la mirada. Cabeceo de él, asentimiento casi imperceptible de ella. Atravesamiento individual de la distancia que los separa y encuentro al borde de la pista. - El hombre toma a la dama en un abrazo típico que mantiene la cercanía y la distancia entre los cuerpos permeabilizando un diálogo sutil en un frente a frente permanente. - La dirección del recorrido la elige el hombre, en riguroso sentido contrario a las agujas del reloj, en un círculo imaginario y colectivamente sostenido por los bailarines. - Salvo excepción, las tres composiciones seleccionadas por el musicalizador, se bailan con el mismo compañero. De lo contrario puede interpretarse agravio o desprecio, cuya sanción colectiva recaerá sobre ambos integrantes de la desintegrada pareja. Encontrarán dificultad para ser elegidos o aceptados en las próximas tandas. Se sospecha que algo grave a interrumpido la ejecución del baile o la torpeza de uno de ellos, a determinado un final prematuro. - Al terminar la tanda, el caballero acompañará a la proximidad de su mesa a la dama, agradeciéndose mutuamente el placer danzante compartido. - La cortina musical no se debe bailar. - El comienzo de una nueva tanda, implica el cambio de pareja. No será bien vista la reelección del partenaire en dos tandas seguidas. - La útima pieza de toda milonga que se precie de respetar sus ritos, será La Cumparsita de Matos Rodríguez. Tango que en sí mismo abusa de la repetición, ya que cada instrumento tiene la oportunidad de hacer escuchar su virtuosismo en la reiteración musical de la composición, por lo cual resulta de mayor duración que los tangos clásicos de la época; por lo general, la elección del repertorio danzante no va más allá de la década del cuarenta y es preferentemente instrumental. La pareja elegida para la consumación de la velada bailable, reviste por lo tanto una relevancia especial. :: Milonga afuera, cada cual rescata su historia, su edad, su apuro y el cansancio; sus amores y desamores, sus soledades y esa humana necesidad de ser un habitante común del mundo. Ese... que no sabe cómo arreglárselas en la pista de la vida, con los otros. Con el Otro. El baile del Tango, soportado en el abrazo sensual del hombre y la mujer, ofrece un saber hacer con la diferencia sexual, plasmando en la estética del movimiento un entendimiento sin palabras... que las letras trágicamente desmienten.
Sobre Héroes y Tumbas :: La Cumparsita, no pocas veces, repetida en la misma o en diferentes versiones orquestales, mientras se van encendiendo las luces, haciendo evidente el fin de la Milonga, indica, como las doce campanadas en el cuento de hadas, la reinserción en el mundo profano, espacio de desacralización necesaria que incluye, cambio de zapatos, espejos, pago y adioses. Vuelve el pobre a su pobreza... vuelve el rico a su riqueza y Gardel y Virulazo descansan hasta la próxima Milonga, inmortales. :: En las Milongas, encontraremos siempre la repetición de esta historia que, transformándose continuamente, permanece maravillosamente inmutable(3). La repetición de gestos paradigmáticos renueva al tango primordial, transporta a un tiempo inaugural inubicable cronológicamente, pese a los esfuerzos eruditos de situar estilos, fechar innovaciones o registrar documentalmente argumentaciones siempre parciales, discutibles, insuficientes, ficcionales. :: El espacio físico, antes y después, confitería, salón social o club de barrio, se muta en receptáculo de una fuerza que trasciende los objetos de la cotidianeidad, cobrando un valor diferente, ‘éxtimo’: extraño e íntimo. La Milonga es un lugar, fuera de lugar, independiente del tiempo, ni plenamente real ni imaginario, paradojal. Como se sabe, no conviene interpelar las paradojas, ni disputar la cuota de realidad de este espacio transicional. Los nombres, las individualidades, el espacio y el tiempo cartesianos son relativizados por un hacer continuo que se da una legalidad propia, suspendida en una atmósfera sagrada, colectivamente sostenida por cada uno y por los otros... los que inauguraron los gestos, los creadores. :: Cada Milonga, mientras dura, es la tributaria del simbolismo del centro supraterrestre que la asimila a sí mismo y la transforma en ‘centro del mundo’ (4). Cada Tango, ritualmente ejecutado, es el primero y es todos los tangos del universo. --------------- Referencias ------------------------------------------------------------------------------------------ (1) Para Roger Caillois, esta es la función fundamental del rito: “Por una parte, la contagiosidad de lo sagrado lo impulsa a derramarse instantáneamente sobre lo profano corriendo así el riesgo de destruirlo y de perderse sin provecho; por otra, lo profano necesita siempre de lo sagrado y se ve empujado a apoderarse de ello con avidez a trueque de degradarlo y de aniquilarse a sí mismo. Por eso deben reglamentarse severamente sus mutuas relaciones. Esa es, justamente, la función de los ritos. ” El Hombre y lo Sagrado, Fondo de Cultura Económico, México, 1996, pág. 16. (2) Ramón Pelinski, Invitación a la Etnomusicología. Quince fragmentos y un tango, Editorial Akal, Madrid, 2000. Pág. 152. (Lo de sub-cultura, es una categoría que no comparto con el autor) (3) Joseph Campbell, en diálogo con Bill Moyers El poder del mito, Emecé Editores, Barcelona, 1991. (4) Mircea Eliade, El mito del Eterno Retorno, Alianza, Madrid, 1972. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------
EL RITUAL TANGUERO
por Fábián
Russo (Extractos)
El Misterio
:: Son muchos los
supuestos acerca del Tango, hay verdades que sólo se
sostienen en el ritual tanguero. Aunque tal vez no haya otro
tipo de verdades más que las rituales, esa repetición. ¿La
verdad como repetición? El Tango siempre está volviendo
("siempre estoy llegando", diría Aníbal Troilo, el
poeta/bandoneonista), y se construye y des/construye en ese
ritual. Pero produjo un corte en su aparición. Le dio una
voz a quienes no la tenían, los inmigrantes y los criollos
que rodeaban la ciudad de Buenos Aires, al "hombre de
Corrientes y Esmeralda", al "que está solo y espera". Dio
una voz, interpretó. Como el Tango no viene a uno sino que
se llega a él, esa interpretación se pone en juego
nuevamente.
:: Hay un corte histórico
a fines del siglo XIX y otros menores en la vida de los que
acceden al Tango. Esto aparece de manera simultánea. En
tanto el ritual, ese corte, el de los individuos, se puede
denominar "estar en el misterio". O sea, estar en relación a
una verdad a develar, a una creencia de que esa verdad
existe y que mantiene cierta distancia del sujeto (el velo).
Nada más parecido a una mujer. Tomo unas palabras de Jacques
Derrida: "...de ese canto, de ese encanto, hay que
mantenerse a distancia; hay que mantenerse a distancia de la
distancia, y no sólo, como podría suponerse, para protegerse
contra esa fascinación, sino también para experimentarla".
Por supuesto, es posible decir "Tango que me hiciste mal y
sin embargo te quiero", entonces. Ese mal es delicioso, de
ahí que siempre se esté volviendo. El Tango propone una
vuelta a sus lugares comunes, sus topoi, con la esperanza de
reeditar el corte, que una vez hecho no se repite. :: No se disfruta el
talento de un artista sino que se espera de él su tanguidad
aun sin talento. Esta anacronía se repite en la banalización
que exige la operación capitalista/puritana sobre el Tango
arrinconándolo a una mera expresión apasionada y cuasi
erótica, digerible, imposibilitada de remitirse a aquel
corte original, a esa bella y cruel verdad fascinante. El
Tango, entonces, perdió su capacidad de rebeldía al no poder
decirle no a la sinonimia proliferante. Pero el habla del
Tango, lo que nos dice, provoca en algunos esa necesidad de
hacer una nueva lectura del corte, que no es siempre volver
sino interrumpir una cadena de sentido. Como dice Ferrer,
"el Tango se compone de cuatro artes: la música, la lírica,
la danza y una más sin
la cual las otras tres no serían, la
interpretación".
LLorando
a la Carte
:: En una de sus últimas
entrevistas, el pensador rumano/francés Emile Cioran decía:
"el Tango es de las pocas músicas que todavía me resulta
tolerable. La defino como la más extraordinaria mixtura
entre metafísica y burdel. Los despojados del amor se
convierten inmediatamente en filósofos, el Tango resuelve y
engloba esta perturbación mágica de los amantes desdichados.
Es impertinente tratar de definirlo. Lo fundamental es
escucharlo. Sentir que en esta Edad de Oro del artista
inconcluso, del personaje fracasado, somos varios quienes
necesitamos rechazar la vana manía interpretativa de nuestro
tiempo, entregándonos al placer de una música o de un
texto..." Admirador de la obra de Borges, a quien
consideraba icono del escritor del siglo XX, y del idioma
español, "el único en el que el Tango era posible", Cioran
rescata eso indefinible que hace a la Tanguidad. Propone una
actitud no analítica, interpretativa desde el saber
académico, una actitud de escucha activa y emocionante.
;; Lo que emociona es lo
indefinible, ese filosofar en la tormenta para aquietar el
dolor, aliviar el peso de ser. El Tango produce su corte
haciendo evidente este proceso individual. El Tango, música
popular, apela al individuo, lo interroga acerca de sí mismo
y, a su modo, le sirve de consuelo y compañía. Tal vez para
Cioran el Tango era tan desterrado como él, tan universal
como Borges. El personaje del Tango suele haber sido
apartado de su ambiente (el paraíso perdido) y permanece
errando por el mundo atento a sus vaivenes, alerta a sus
bajezas pero inocente y entregado frente al amor como en el
juego. Tarde o temprano, el personaje del Tango vuelve a sí
mismo a interrogarnos. Pero para volver hay que haberse ido,
para siempre estar volviendo hay que siempre estar yéndose
como en una permanente Odisea. :: Si tomáramos el corpus de las letras
de Tango como un gran poema épico hallaríamos esa
coincidencia en términos existenciales, una aventura del
alma. En el burdel metafísico del Tango se va armando el
relato de los que se han quedado sin origen y sin puerto, de
los que vagan por un destino del cual no se huye por ser sí
mismo, de los que han fracasado para ganar un mundo, otro.
No se llega a la profundidad del Tango desde lugares comunes
periféricos sino desde sitios internos originales, almas
sitiadas por esa perturbación de ser. El alma que canta.
Pasional
:: A ese afán, esa ráfaga
sin rumbo, ese impulso, el deseo, el Tango intenta darle
forma con la misma obsesión con que andamos la vida. Expone
esa falta de respuestas desde el des/nudo de sus paradojas.
La interpretación de un tango intenta conferir nueva vida a
lo que se relata más que abrevar en la memoria de un tiempo
que ya no existe. Siempre hay un relato en juego, hay que
ver lo que se dice y cómo. La mera evocación es estéril, la
obra no existe sino artificialmente, artificiosamente. El
abrazo que caracteriza a la danza deriva, ya sin arte, en
una especie de contienda entre los sexos, en el marco de una
recurrente pasión superlativa (querer acomodarse a la imagen
que de nosotros suelen tener en otras tierras) donde
acabamos por ver mucho vacío entre los cuerpos. O, por
ejemplo evidente, mas que cantarse los tangos se gritan, en
general, para disfrazar la ausencia de sensibilidad con
brutal desesperación. O, por caso, se cree que sabe de Tango
quien recuerda fechas, integrantes de orquestas y anécdotas
dudosas sin profundizar jamás bajo el también dudoso jopo en
una constante referencia al pasado como chapa de tanguidad.
:: Una huella del pasado
es siempre actual, aunque no lo revive plantea lo que evoca
desde el presente, el intento fallido por ser otro en tanto
conservadurismo. Parece que no hay más pasión que la del
deseo insatisfecho, la impotencia que hace la vida posible:
la muerte. Pero cuando el tanguero se entrega a sus
paradojas, al impulso que tanto lo conflictúa, aprende a
vivir con la muerte reconociendo el límite desde la dignidad
del coraje o con ese dolor que hace reír. Allí será posible,
alguna vez, liberarse del deseo. ;; A esa fuerza le pone
nombres que evocan tanto al amor como a su fracaso, al
pasado como a su relativo presente. El Tango celebra nuestro
candor frente a la adversidad aun frente al riesgo de ser
bautizados giles y relata, una y otra vez, todos nuestros
intentos por darle sentido a la existencia. Pero siempre
estará todo dado vuelta y siempre habrá quien quiera
enderezarlo aun sin que haya un modo permanente. El Tango
está de pie en la encrucijada del vivir, en esa esquina en
donde todo está por verse, dónde sólo hay preguntas y todas
las respuestas son ninguna. Vivir es un sueño que cuesta la
vida, se dice. Ese afán.
:: Nos proponemos el Tango como el inevitable sendero por donde nuestros pasos dibujan algún síntoma de sensibilidad. Pasos que ya no encajan en la huella que andariegos tempranos fueron dejando. Pasos que buscan, tanteo en la llovizna, captar el latido que bombea la sangre del Tango. Punta, suela, taco. Nos proponemos el Tango habiendo caminado ya algunas cuadras en el barrio universal del arte, lo buscamos en bares noctámbulos y milongas populares con un ansia que nos trafica lo que queremos para dejarnos desconsolados, abrazados al hastío. Eso que falta es tanguidad. Algunos se ponen el falso funyi, otros ensayan muecas dolientes al cantar, hay quien decide la pollera negra de raso atorrantita, los que tocan piazzolanías sin haber escuchado nunca el Tango en Astor. :: Tal vez sea el ansia lo que les hace creer que eso es tanguidad. Pero no seducen con sus tangos de artificio. La mayoría, aunque duela, son jóvenes artistas en busca de un lenguaje que los diga ya que aún no comprendieron que el estilo es uno mismo y que ese lenguaje posible lo llevan puesto o no. Ya pasamos por ahí. Por suerte, el Tango tarde o temprano te rechaza si intentás manipularlo. También es cierto que el mundo está poblado de chantangos , personajes nacionales e internacionales que lo utilizan para posicionarse. Siempre han existido. El chantango suele decir que sabe de Tango porque lo lleva en las venas argentinas o porque aprendió a bailar con tal o cual mítico milonguero (como si la tanguidad se comprara con las clases). Elchantango abre una escuela de baile en inhóspitos lugares del planeta luego de haber estado dos semanas en Buenos Aires, graba discos desalmados que más parecen caricaturas sonoras, canta con desfachatada desafinación. :: Nos proponemos el Tango envueltos en un halo de tanguidad, eso que hace tener la sangre toda de llena de cortados, eso que no se escucha y se dice en Responso según Pichuco, el caminar cetrino que tenía Virulazo, la calle Cachí de la abuela Beatriz, ese tercer tiempo remolón del ritmo, la media voz, el chamuyo discreto. Nos preguntamos cómo es que el Tango hace un corte en la cultura, en nosotros, y descubrimos que, esencialmente, ese corte lo produce la tanguidad, estado supremo del tanguista, misterio manziano. La tanguidad lunar del que conversa con su sombra porque le tiene confianza y no por melancólico. La tanguidad como huella espiritual de los porteños que se extiende, insolente, por el mundo. La tanguidad preexistente en nuestra historia, la individual y la nacional, fileteo profundo que soñó Borges y curtió Cadícamo. Esa tanguidad nos proponemos, paso a paso, nota a nota, golpe a golpe, verso a verso, copa a copa, pena a pena, tango a tango. Mitos :: En la interpretación del Tango, ritual supremo encarnado en el canto, la danza o la ejecución instrumental, confluyen la ciudad mitológica y la presente. Ambas recurren a sus mitos fundadores, intentando reestablecer algunos perdidos, en el hombre que las habita, asegurando así su permanencia en el cambio, la transformación. El porteño vive en un bardo. El Tango, como un impensado Leteo, lo lleva y trae desde una Buenos Aires mitológica, reservorio de identidades originales, a otra en transición, siempre actual y, por lo tanto, ya perdida. Todo lo que se constituye como costumbres culturales en la ciudad, tiene que ver con la reconstitución de los mitos perdidos. Esta tarea sólo es posible en tanto el hombre o la mujer de Buenos Aires toman contacto con lo abismal y caótico del Tango. Ese instante supremo, a veces imperceptible, es la puerta de entrada al ritual que revitaliza los mitos fundacionales. Ese momento de alta energía, esa excitación por estar en contacto con el núcleo de la porteñidad, hace que el Tango no represente un ahuecamiento del espíritu, una obsesión depresiva, un melancólico sobrevivir , sino una elevación del alma asistida por fuerzas inmanentes que reeditan la orilla, el genitivo arrabal. En un cristal sin tiempo se mira el porteño en el momento que asiste al ritual del Tango; ritual que, como decimos, se repite en la interpretación. Hay, entonces, una cadena de interpretaciones, de lecturas. Aquella que hace el artista acerca de la obra que pone en juego; el momento en sí de la interpretación art ística, que es ofrecer a la mirada del otro lo que se produce en el alma del artista la ejecución de la obra; y una tercera fase en la que el asistente al ritual hace su propia lectura de lo que el artista ha mostrado agrupando, ordenando ese caos, otorgándole sentido al bardo en un intrincado juego de imágenes intemporales que guarda atesoradas. De allí que el artista no deba imponer su ego en el momento de la interpretación ya que no haría posible la del público. Decía el polaco Goyeneche, “la canción va adelante, el cantor va detrás”. La actual renovación de artistas en el Tango, las orquestas que surgen, cantantes, bailarines, poetas, compositores, todos pertenecientes a una generación atravesada por los efectos de una dictadura que lleg ó a prohibir tangos fundacionales , habla de una vigencia del ritual que hace a lo más profundo de nuestra cultura. Conviven, hoy día, los conservadores con los vanguardistas en una interacción que pocas veces fue posible en el Tango. Los unos como los otros traen desde lo profundo del mito los determinantes culturales de nuestro presente. La ciudad, la mitológica y la actual, celebra la presencia de estos jóvenes y no tanto que siguen creando, interpretando, atravesando el bardo misterioso de la tanguidad. Ahora - Entonces :: Nos preguntamos de qué manera el Tango produce sus cortes en la cultura, qué hace que la Tanguidad sea. Ahora, ¿qué es y cómo es eso que el Tango quiere? Alguien dirá, sin equivocarse demasiado, que el Tango no quiere nada, que como arte que es sólo busca expresarse y que no hay mensaje ni ideología; que el Tango no es deseante y, por lo tanto, nada lo conmueve, nada lo impulsa hacia una satisfacción; que el Tango nada sabe del modo en que se presenta ya que es en sí mismo su estética. Etcétera. Sin embargo, más allá de los actores del Tango que sí desean e inevitablemente están atentos a las formas, el Tango se ha hecho cargo de estas cuestiones a lo largo de su casi siglo y medio. La lírica tanguera es ejemplo de esto y sería ocioso enumerar esas canciones aquí. :: Hoy, el Tango es su transición. No es que no lo haya sido antes, siempre lo fue, siempre pone en acto transformaciones aún con el ceño fruncido y el aire conservador. De su energética vulnerabilidad nos habla el hecho de que se anuncia su muerte cada década o dos. Así, los tangueros aprenden a vivir con la muerte. Y hoy es ahora todo el tiempo. El Tango no es un sobreviviente, todo lo contrario, su vitalidad reside en reinventarse cada vez que alguien arma su mise en escène . Entonces, preguntarse acerca de qué es y cómo quiere el Tango eso que quiere es apuntar hacia el deseo que provoca y de cómo se pone en acto ese deseo. :: En una cultura que ha sido vaciada de contenido, que es empujada hacia el mero consumo sensual de sus “productos”, que alienta una globalizada alienación, el Tango aparece como alternativa para los que van despertando del sopor que nos han impuesto. Aún con la evidencia de que muchos artistas han preferido salvar el cuero con versiones anodinas, digeribles, superficiales del Tango, él resiste con la afluencia de creadores, muchas veces ignotos, guardia nueva siempre renovada. Por allí habrá que plantearse esta pregunta de qué y del cómo. Será cuestión de escuchar, de bailar, de cantar todo el Tango junto a ellos y alejarse de quienes se erigen en conocedores, jóvenes o viejos, blandiendo prejuicios y mediocridades. Parafraseando a Cortázar, “todos los tangos, el Tango”. Veremos. Cuestión de Pilas :: La pregunta acerca de los cortes que el Tango produce en la cultura y en la vida de los individuos llevaría implícito el acuerdo de que existe un ritual tanguista que pone en marcha aquello propio y original. Ese ritual, del cual hablamos hace ya un tiempo, se lleva a cabo, básicamente, desde el trabajo de los artistas que reeditan determinados topoi inherentes a lo que, convenimos, se denomina Tango. Si partimos de el enunciado “todos los tangos, el Tango” es posible aceptar como Tango todo lo que se aparezca como tal. No es menos cierto que el género se constituye de una manera multiforme y que, a lo largo de su evolución, ha gozado de cambios que, para muchos, fueron, en su momento, heréticos. :: Tampoco podríamos desechar el punto de vista de que el Tango en sí mismo, nacido de un súbito entramado cultural más de cien años atrás, sea música de fusión, por ejemplo. O que, siguiendo esta línea de pensamiento, los creadores del Tango no hayan abrevado a lo largo del siglo en otros géneros musicales, poéticos o danzables resultando en enriquecimiento estético o filosófico del arte de los porteños. Todos los tangos, el Tango; entonces. Ahora bien, la irrupción del llamado Tango Electrónico , esto sin afán de adherirse a posturas conservadoras y retrógradas, no parece ser resultado de un proceso evolutivo en nuestro arte.:: En realidad, esta “actualización” parece responder más a cuestiones de mercado en trance de la globalización. Trance, trance music, lounge, dance, son los ritmos que sirven de base musical para esta nueva expresión. Por lo tanto, más que Tango electrónico, deberíamos hablar de música electrónica con elementos del Tango. ¿Fusión? Puede ser. ¿Perentoria? Seguramente. Mientras tanto, la generación de nuevos poetas y compositores de tangos van anunciando el pulso de algo que vendrá, menos mercantil y más artístico. Tal vez sea ese el día en el Tango vuelva a ser el arte popular de los porteños en toda su dimensión, comentando esta realidad presente, estas existencias urbanas que necesitan, nuevamente, una voz que las cante.
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REFERENCIAS
mencionadas
Adaptación,
Recopilación y Redacción
Team Pro-Tango
Perú / Lima Nov. 2008
Investigación :
Francois Dietlin
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